¿Podría el amianto revertir el cambio climático?
La simple mención del amianto (o asbesto) suele despertar alarmas por su conocida toxicidad y su relación con graves enfermedades respiratorias. Sin embargo, la ciencia ha puesto sobre la mesa una hipótesis tan sorprendente como polémica: ¿podría este material convertirse en un aliado contra el calentamiento global?
Aunque parezca una contradicción, sus propiedades químicas albergan un potencial único para capturar gases de efecto invernadero de la atmósfera. A continuación, te contamos cómo funciona este proceso, su viabilidad y los debates científicos que genera.
Consulte: Amianto o Asbesto | ¿Qué es?
¿Cómo podría el amianto revertir el cambio climático?
El amianto podría revertir el cambio climático mediante la mineralización del carbono, que consiste en hacer reaccionar el CO2 presente en el aire o en la lluvia con este y otros tipos de minerales. El resultado de estas reacciones produce nuevos minerales en donde quedan atrapadas las moléculas de carbono.
El amianto en su forma más común —el crisotilo o amianto blanco— es especialmente eficiente para este proceso debido a su gran superficie y fibrosidad porque facilita la reacción química con el CO2, aunque todos los tipos de amianto son efectivos para ello.
Esta reacción es beneficiosa en ambas direcciones: por un lado, produce compuestos como la magnesita, que es muy estable y garantizaría que el carbono atrapado perdurase durante milenios lejos de la atmósfera; por otro lado, al cambiar la fórmula química del amianto, este pierde sus propiedades nocivas para la salud humana. Se estima que los desechos de amianto acumulados solo en Norteamérica tienen el potencial de atrapar hasta 750 millones de toneladas de CO2.
En realidad, este proceso se produce de forma natural, razón por la cual el 80% del carbono de nuestro planeta se encuentra en forma de mineral en la capa más externa de la tierra: la litosfera.
Sin embargo, la mineralización natural del carbono —o meteorización, como también se conoce— es extremadamente lenta. Los científicos buscan una forma de acelerar este proceso en fábricas y minas abandonadas para que, una vez reducido los niveles de CO2 en la atmósfera, tengamos la capacidad de revertir el efecto invernadero que produce.
¿Cuál es el plan para usar el amianto contra el cambio climático?
El plan para usar el amianto contra el cambio climático requiere procesos físicos tales como: desenterrarlo, triturarlo hasta convertirlo en partículas finas y esparcirlo en capas para provocar la reacción con el CO2 a gran escala; también se le puede aplicar calor y compuestos ácidos que lo degraden y lo expongan más al carbono del aire.
De acuerdo con un artículo publicado por la prestigiosa revista de tecnología MIT Techonology Review se han llevado experimentos de estos procesos usando los residuos existentes en vertederos y minas abandonadas, así como la aplicación de asbesto mediante diversas técnicas para reducir las emisiones en fábricas y zonas industriales.
La ciencia estudia tres vías:
- Captura en minas: Se planea humedecer y remover las montañas de polvo de las antiguas minas de amianto. Al exponer este material triturado a corrientes de aire, la roca atrapa el CO2 de la atmósfera a gran escala, acelerando un proceso que en la naturaleza tardaría miles de años.
- Reactores industriales: Consiste en meter el amianto en tanques de alta presión conectados directamente a las chimeneas de las fábricas. Al inyectarle el CO2 puro y concentrado que emiten las industrias, el amianto se destruye casi instantáneamente, transformándose en un mineral seguro y evitando emisiones de carbono.
- Aceleración con bacterias: Esta técnica utiliza microorganismos como las bacterias para crear “humedales artificiales” sobre el amianto. Los microbios alteran químicamente el agua del entorno, obligando al mineral a liberar su magnesio mucho más rápido para que reaccione con el CO2.
Sin embargo, los científicos aun deben encontrar vías para aplicar estos métodos a gran escala y así obtener resultados que tengan un impacto real. Además, se enfrentan a retos logísticos como el alto coste energético y económico de triturar los residuos o calentar los reactores industriales, y el riesgo de salud pública que supone manipular amianto.
Consulte: ¿Qué enfermedades genera el amianto?
Principales objeciones
Las principales objeciones para utilizar el amianto contra el cambio climático parten, sobre todo, del riesgo para la salud pública. Dado que el amianto es un material altamente cancerígeno, los procesos de trituración y remoción de roca necesarios para maximizar la absorción de CO2 supondría volver a industrializar un mineral que está en proceso de desuso por su alta toxicidad, y exponer a los trabajadores involucrados en ello.
De acuerdo con MIT Technology Review, esto generaría un fuerte rechazo social y desconfianza en las comunidades ante la posibilidad de reabrir o manipular depósitos de asbesto.
El artículo también enfatiza el hecho de que incluso si se encontrase una receta de éxito para acelerar los procesos de mineralización en todas las minas y fábricas del mundo, no sería suficiente para alcanzar el déficit de emisiones necesarios para frenar el efecto invernadero. Habría que desenterrar más amianto y la minería de por sí es nociva para el medio ambiente.
A nivel técnico y legal, los estrictos controles regulatorios y las prohibiciones globales sobre el manejo de este mineral representan un obstáculo para obtener permisos de explotación. Asimismo, los expertos argumentan que, a pesar de ser el amianto un mineral muy efectivo, la mineralización de CO2 puede realizarse mediante subproductos minerales más seguros.
Alternativas al uso del amianto
A pesar de las ventajas del asbesto en la lucha contra el cambio climático, la ciencia ya explora alternativas mucho más seguras para la mineralización de carbono, utilizando residuos de la minería de níquel, diamantes o cromo que ofrecen una capacidad de absorción similar sin poner en riesgo la salud de los operarios ni de las poblaciones cercanas.
Entonces, ¿por qué se sigue investigando el amianto? La respuesta está en la herencia industrial del planeta. Actualmente existen millones de toneladas de amianto ya extraídas que descansan en vertederos especializados o en minas abandonadas, representando un peligro latente. La sociedad busca deshacerse aun de millones de toneladas de amianto instaladas en nuestras casas.
Utilizar este material para capturar CO2 se plantea como una solución de economía circular: es la única vía tecnológica capaz de alterar su estructura química para destruirlo por completo, transformándolo en un subproducto 100% inerte y útil para la construcción.
Sin embargo, aun no llegamos a una solución definitiva y el amianto sigue representando un problema de salud que debemos solucionar retirando aquellos materiales que lo contienden y enviándolos a vertederos diseñados para su almacenamiento seguro.
Igualmente, el uso del amianto como escudo contra el cambio climático abre un debate ético y científico de gran envergadura, una posibilidad a tener en cuanta. La clave del éxito no estará en volver a excavar la tierra en busca de asbesto, sino en si seremos capaces de confinar el riesgo en reactores controlados para limpiar, de una vez por todas, el aire y el suelo de nuestro planeta.
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